Vuelta a la actividad preferida por muchos durante
la Transición, acabar las discusiones en el bar con un tiro entre ceja y ceja.
José Luis Escribano era miembro de CCOO en Soria cuando una noche, quizá con
algunos vinos de más, discutió con alguien en el bar, en este caso Antonio
López. Quizá no sabía que Antonio era policía de profesión, por lo que tras
intercambiar pareceres, no tiene mejor argumento que sacar su pistola y meterle
cuatro balazos a José Luis en el pecho.
Y es que desde el 36 el mejor método para acabar
una discusión es a base de tiros.
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